A UN AÑO DE LA MUERTE DE FRANCISCO.

La paz como rebeldía: el mensaje vigente del Papa Francisco.

Retrato del Papa Francisco con una expresión serena, simbolizando su legado de paz. A doce meses de su partida, la Fundación Papa Francisco de Neuquén llama a recuperar el vínculo humano frente a la cultura del descarte.

A doce meses de su fallecimiento, desde la Fundación Papa Francisco – Delegación Neuquén reflexionan sobre su legado y el desafío de reconstruir los vínculos humanos en un mundo atravesado por la violencia.

En un mundo donde la guerra vuelve a ocupar el centro de la escena y donde aún existen líderes con las manos manchadas de sangre, hablar de paz parece casi un acto de rebeldía.

Y sin embargo, en medio de este ruido, de este dolor y de esta humanidad herida, uno no puede evitar pensar que Francisco estaría hoy, en silencio, orando por todos nosotros… pero también incomodándonos, empujándonos a repensarlo todo.

Porque Francisco no miraba el mundo desde lejos. Lo sufría.

Sufrió con Ucrania y Rusia, viendo hermanos enfrentados, sabiendo que detrás de cada bomba hay madres, hijos, historias rotas. Sufrió con los migrantes que lo han perdido todo, expulsados de sus tierras, cruzando fronteras con miedo, cargando no solo lo poco que tienen, sino el peso de haber sido olvidados. Sufrió con una humanidad cada vez más sola, más endurecida, donde el otro deja de ser un rostro para convertirse en un obstáculo.

Sufrió viendo cómo la violencia ya no es solo física, sino también simbólica, en las redes, en las palabras, en el desprecio cotidiano. Sufrió con una educación que en muchos lugares pierde sentido, que deja de formar personas para formar consumidores. Sufrió ante la injusticia más brutal, pueblos sin agua, sin lo mínimo, mientras otros desperdician sin conciencia. Sufrió frente al avance de autoritarismos que se alimentan del miedo, de la fragmentación, de la falta de amor.

Porque lo que más le dolía no era la guerra en sí misma, sino lo que la hace posible, la pérdida del corazón humano.

Francisco no nos hablaba desde una fe cerrada, sino desde una ética universal que interpelaba a toda la humanidad. En Fratelli tutti lo expresó con claridad, proponía un “sueño de fraternidad abierto a todos”. No era un ideal ingenuo, era un verdadero proyecto de civilización. Un mundo donde la guerra es el fracaso de lo humano, donde la indiferencia es la raíz de la injusticia, donde el otro es un hermano y no un enemigo, y donde la política vuelve a ser una herramienta del bien común. Un mundo donde, cuando falta la justicia social, se gesta y se alimenta la corrupción.

Porque “nadie se salva solo”, y esta aldea global que habitamos nos hace más cercanos, pero no más hermanos. Francisco lo entendía con una claridad dolorosa “se ha roto el vínculo humano”, y cuando ese vínculo se rompe, la guerra deja de ser una excepción… y empieza a convertirse en consecuencia.

Fue aún más profundo en Laudato si’, donde advierte que la crisis no es solo ambiental. Es moral. Es social. Es económica. Es cultural. No hay dos crisis. Hay una sola crisis socio-ambiental. Porque todo está conectado. Y ahí está el corazón de su pensamiento donde si destruimos la naturaleza, destruimos al pobre ; si destruimos al pobre, rompemos la paz y cuando se rompe la paz, nacen las guerras.

Hoy vivimos en una cultura donde todo se usa y se descarta… incluso las personas. Y en ese contexto emergen liderazgos que se sostienen sobre esa lógica donde los pobres sobran, los ancianos sobran, los débiles sobran. Allí es donde Francisco fue más claro -y más incómodo-, la guerra no empieza con las armas… empieza cuando el otro deja de importarnos.

Por eso, Francisco no nos hablaba solamente de religión. Nos hablaba -una y otra vez- de humanidad. De cómo nos miramos. De cómo nos tratamos. De cómo habitamos el mundo.

Francisco entendió antes que muchos que la crisis del mundo no era solo política, ni económica, ni ambiental. Era, en el fondo, una crisis del vínculo humano. Por eso su mensaje no separa la paz de la justicia, ni la dignidad de las personas del cuidado de la tierra, porque todo está profundamente conectado. Y por eso, en un mundo que vuelve a naturalizar la violencia y el poder sin límites, su mensaje no solo interpela, sino que incomoda. Porque exige algo que hoy parece revolucionario: volver a reconocernos como hermanos.

Y en ese llamado, Francisco nunca dejó afuera a los jóvenes. Al contrario, confió en ellos como pocos. Cuando dijo “hagan lío”, no les pidió desorden. Les pidió coraje. Les pidió que no se resignen. Que no se acostumbren a la injusticia. Que no naturalicen un mundo donde el otro no importa. Pero también les dejó una responsabilidad más profunda, diciendo a ese lío hay que organizarlo, porque no alcanza con la rebeldía. Hay que conducir, comprometerse, construir. Porque el mundo que viene no se va a cambiar desde la comodidad, sino desde jóvenes que se animen a pensar, a sentir y a actuar distinto.

Hagan lío… pero un lío que despierte conciencias, que abrace al que queda afuera, que reconstruya vínculos y que vuelva a poner al ser humano -y al amor- en el centro.

A un año de tu partida, Francisco, no solo te recordamos. Nos dejamos interpelar por vos. Porque tu mensaje no fue para ser admirado, sino para ser vivido. Seguiremos intentando -con errores, con límites, pero con convicción- construir ese mundo que soñaste, un mundo donde nadie sobre, donde nadie sea descartado y donde la paz no sea un discurso sino una forma de vivir.

FIRMA: Fundación Papa Francisco – Delegación NeuquénLiliana Sanucci, PresidentaClaudia Silvina Vega, Responsable Neuquén.

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