NEUQUÉN, 20 de junio de 2026.- Mientras las temperaturas bajo cero ocupan los pronósticos y las alertas meteorológicas, cientos de familias crianceras de la provincia enfrentan una realidad que pocas veces aparece en primer plano.
Para quienes viven de la producción caprina y ovina, el invierno representa uno de los períodos más exigentes del año. Las bajas temperaturas, la nieve y las heladas obligan a redoblar esfuerzos para proteger a los animales y sostener una actividad que forma parte de la identidad productiva y cultural de Neuquén.
MÁS QUE UNA ESTACIÓN DEL AÑO
En el campo, el invierno no se mide únicamente por los grados bajo cero.
Cada jornada implica recorridas para controlar los animales, verificar su estado sanitario y asegurar que puedan acceder a alimento y agua en condiciones adecuadas.
Las tareas se vuelven más exigentes cuando las nevadas cubren los campos o cuando las heladas dificultan el acceso a determinados sectores donde se encuentran las majadas.
Para muchas familias rurales, el invierno significa más horas de trabajo y una vigilancia permanente sobre los animales.
EL COSTO DE ALIMENTAR A LOS ANIMALES
Uno de los principales desafíos para los crianceros es garantizar la alimentación de los rodeos durante los meses más fríos.
Cuando las pasturas naturales disminuyen por efecto de las heladas o quedan cubiertas por la nieve, resulta necesario recurrir al forraje suplementario.
Esto implica gastos adicionales que impactan directamente sobre la economía familiar.
Si bien existen programas de asistencia destinados al sector, numerosos productores señalan que los costos vinculados a la alimentación animal continúan siendo una de las principales preocupaciones durante el invierno.
LAS CONSECUENCIAS DE LA SEQUÍA
A las dificultades propias de la estación se suma otro problema que afecta desde hace años a distintas regiones de la provincia: la sequía.
La falta de precipitaciones registrada en temporadas anteriores redujo la disponibilidad de pasturas naturales y obligó a muchos crianceros a depender cada vez más de la compra de alimentos para los animales.
Como consecuencia, numerosas familias llegan al invierno con menos recursos forrajeros disponibles y mayores necesidades de inversión.
VIGILIA PERMANENTE
El trabajo del criancero no termina cuando cae el sol.
Durante el invierno, muchas familias deben permanecer atentas para proteger sus animales frente a distintos riesgos que se presentan en el campo.
Además de las condiciones climáticas, existe preocupación por los ataques de depredadores como el puma, cuya presencia representa pérdidas importantes para algunos productores.
Por eso, las recorridas nocturnas y las tareas de vigilancia forman parte de una rutina habitual en numerosos establecimientos rurales de la provincia.

AISLAMIENTO Y DIFICULTADES
Las nevadas y los temporales también pueden generar complicaciones para la movilidad.
La acumulación de nieve, el hielo sobre los caminos y las dificultades de transitabilidad afectan el traslado de personas, animales e insumos necesarios para la actividad.
En distintos parajes rurales, cada temporal representa un desafío adicional para familias que dependen del campo como principal fuente de ingresos.
UNA ACTIVIDAD QUE RESISTE
A pesar de las dificultades, la actividad criancera continúa siendo una de las principales expresiones productivas y culturales de Neuquén.
Generaciones enteras han construido su modo de vida alrededor del trabajo con los animales, transmitiendo conocimientos y tradiciones que forman parte de la identidad rural de la provincia.
Por eso, cuando llega el invierno, no sólo se pone a prueba la producción.
También se pone a prueba la capacidad de esfuerzo, adaptación y resistencia de las familias que sostienen una actividad fundamental para numerosas comunidades neuquinas.
FUENTE: Informe especial AIRES NUEVOS NQN sobre la realidad de las familias crianceras de Neuquén durante el invierno.
Este informe de AIRES NUEVOS NQN se realiza bajo la garantía constitucional de libertad de expresión y prensa (ART. 14 CN y Ley 26.032).