Por Yamil Jara
Durante las últimas semanas, el acuerdo entre la Provincia del Neuquén e YPF para el desarrollo del proyecto de Gas Natural Licuado (GNL) ocupó el centro de la agenda política y económica provincial.
Las cifras son enormes. Exportaciones, inversiones, infraestructura y la posibilidad de convertir a Neuquén en uno de los grandes jugadores energéticos del mundo vuelven a instalar expectativas de crecimiento y desarrollo.
Sin embargo, lejos de las discusiones técnicas, los decretos y las sesiones legislativas, en el norte neuquino aparece otra pregunta.
Una pregunta mucho más cercana a la vida cotidiana de miles de familias:
¿Llegará esta vez la riqueza del gas a nuestros pueblos?
Durante décadas, el interior profundo convivió con la producción hidrocarburífera sin que ese crecimiento se tradujera necesariamente en desarrollo territorial equilibrado.
Todavía existen familias que se calefaccionan con leña en pleno siglo XXI, zonas rurales con dificultades de conectividad, rutas que esperan inversiones, comunidades sin acceso pleno a servicios básicos y jóvenes que muchas veces deben abandonar sus localidades para estudiar, trabajar o simplemente proyectar un futuro.
Mientras Neuquén produce energía para millones de argentinos y se prepara para exportar gas al mundo, muchos pueblos del interior continúan esperando infraestructura básica, empleo genuino y oportunidades para las nuevas generaciones.
La pregunta no es menor.
¿Qué significará el GNL para localidades como Huinganco, Varvarco, Manzano Amargo, Las Ovejas, El Huecú, El Cholar o Tricao Malal?
¿Llegarán nuevas rutas y obras de infraestructura?
¿Habrá inversiones para fortalecer hospitales y centros de salud?
¿Se ampliarán las oportunidades educativas para evitar el desarraigo juvenil?
¿Existirá conectividad digital suficiente para que emprendedores y estudiantes puedan desarrollarse sin abandonar sus pueblos?
¿Se fortalecerán hosterías, emprendimientos gastronómicos y servicios turísticos que permitan potenciar el enorme patrimonio natural y cultural del norte neuquino?
¿Podrán comunidades y parajes como Colipilli, Coyuco-Cochico o Los Carrizos formar parte de ese desarrollo que hoy promete el gas neuquino?
El propio decreto provincial que acompaña el proyecto habla de cohesión territorial, arraigo poblacional y desarrollo equilibrado de las economías regionales.
Tal vez haya llegado el momento de que esos conceptos dejen de ser solamente palabras escritas en un expediente y comiencen a convertirse en rutas, escuelas, hospitales, conectividad y oportunidades concretas para el interior profundo.
Porque quizás el verdadero éxito del GNL no se mida únicamente en barcos cargados de gas rumbo al mundo o en cifras multimillonarias de exportación.
Quizás también se mida en la posibilidad de que un joven de Colipilli, El Huecú, El Cholar, Huinganco o Varvarco pueda elegir quedarse a vivir, trabajar y formar una familia en el lugar donde nació.
El norte neuquino no reclama privilegios ni beneficios extraordinarios.
Reclama algo mucho más simple:
Que una parte de la riqueza que sale del suelo neuquino vuelva convertida en desarrollo, infraestructura y oportunidades para quienes decidieron seguir apostando por el interior profundo de la provincia.
Quizás entonces, y recién entonces, podamos decir que la riqueza del gas finalmente llegó al norte neuquino.
FUENTE: Columna de opinión de AIRES NUEVOS NQN elaborada a partir del Decreto Provincial DECTO-2026-796-E-NEU-GPN y el Acta Acuerdo del Proyecto GNL entre la Provincia del Neuquén e YPF.
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