Neuquén, 15 de junio de 2026; Todavía no amanece. El frío se siente en la cara mucho antes de que aparezcan los primeros rayos del sol sobre los cerros del norte neuquino.
En el silencio de la montaña comienzan a escucharse los sonidos que anuncian el movimiento. Los animales avanzan lentamente. Algunos crianceros cabalgan. Otros caminan acompañando el arreo. Todos conocen el camino.
No hace falta mirar un mapa.
Las huellas están grabadas en la memoria de generaciones enteras.
Así comienza, una vez más, el viaje hacia la invernada.
Cada año, cuando llegan las bajas temperaturas, cientos de familias trasladan sus animales desde las veranadas cordilleranas hacia zonas más bajas y protegidas donde podrán pasar el invierno.
Para quienes observan desde afuera, puede parecer simplemente una tarea ganadera.
Para quienes nacieron y crecieron en el campo, es mucho más que eso.
Es una forma de vida.
Es una cultura.
Es una identidad.
LOS CAMINOS QUE HEREDARON LOS ABUELOS
La trashumancia existe desde mucho antes de que las rutas atravesaran la provincia.
Los caminos utilizados por los crianceros fueron construidos por la experiencia acumulada durante generaciones.
Cada paso tiene una historia.
Cada arroyo, cada puesto y cada cerro guardan recuerdos familiares.
Muchos de los actuales crianceros aprendieron observando a sus padres y abuelos.
Aprendieron cuándo partir.
Aprendieron cómo cuidar los animales durante el trayecto.
Aprendieron a leer el clima y a interpretar los cambios de la montaña.
Son conocimientos que rara vez aparecen en los libros, pero que siguen transmitiéndose de generación en generación.

UNA CULTURA QUE RESISTE
La vida rural cambió profundamente durante las últimas décadas.
La migración hacia las ciudades, las dificultades económicas y los cambios productivos transformaron el paisaje humano del campo neuquino.
Sin embargo, la trashumancia continúa.
Cada temporada miles de animales recorren senderos históricos acompañados por familias que mantienen una práctica reconocida como una de las expresiones culturales más representativas de Neuquén.
La trashumancia no solamente organiza el trabajo.
También organiza la vida.
Marca los tiempos de las familias.
Las despedidas.
Los regresos.
Las esperas.
Y los encuentros.
EL VALOR DE PERMANECER
En una época donde casi todo parece cambiar rápidamente, la trashumancia representa una de las tradiciones que todavía conservan un vínculo directo con la historia profunda de la provincia.
Detrás de cada arreo hay sacrificio.
Hay madrugadas heladas.
Hay kilómetros recorridos.
Hay años de experiencia.
Pero también hay orgullo.
El orgullo de pertenecer a una tierra donde todavía existen familias que sostienen una forma de vida transmitida durante generaciones.
EL REGRESO
Cuando los animales finalmente llegan a los campos de invernada, el viaje termina.
O al menos termina por unos meses.
Después vendrán las heladas más intensas.
Los días cortos.
Las tareas del invierno.
Y cuando regrese la primavera, comenzará nuevamente el movimiento hacia las veranadas.
Porque en el norte neuquino las estaciones no solo cambian el paisaje.
También marcan el ritmo de una cultura que se niega a desaparecer.
Mientras existan crianceros dispuestos a recorrer estos caminos y transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones, la trashumancia seguirá siendo mucho más que una actividad productiva: seguirá siendo una de las expresiones más profundas de la identidad neuquina.
FUENTE: Crónica elaborada por AIRES NUEVOS NQN a partir de antecedentes históricos sobre la trashumancia neuquina, observación territorial y testimonios recogidos en distintas regiones del norte provincial.
Este informe de AIRES NUEVOS NQN se realiza bajo la garantía constitucional de libertad de expresión y prensa (Art. 14 CN y Ley 26.032).